Tomás o Gastón, da igual. ¡Qué grande eres, Franquin!

Mis conocimientos sobre la historia del tebeo no son tantos como para aseverarlo con completa seguridad, pero me atrevería a decir que en Tomás el Gafe tenemos, si no al primero, a uno de los mejores retratos de anarquista no violento en la historieta de humor, si no en la historieta, sin adjetivos. No me refiero a un anarquista combativo, claro: sus trastadas definen a un espíritu libre e inocente, que no entiende nunca por qué a los demás no les gustan sus iniciativas y, es más, tampoco entiende por qué la gran mayoría están condenadas a salir mal.
Tomás - o Gastón - no acepta la rigidez de unas reglas que van contra su hedonismo o contra sus ganas de ayudar a los demás. El trabajo, los horarios, la rutina... todo eso va en contra de su concepto de la vida. Por tanto, intentará escaquearse, o hacer las cosas a su ritmo, o tratará de facilitar la vida a los demás.
Porque Tomás, o Gastón, no es egoista. Quiere que todos participen de su manera de entender las cosas, que todos compartan esa alegría de vivir que está detrás de sus motivaciones. El humor surgirá del choque con la realidad, cuando sus maquinaciones se revelen imposibles o se enfrenten a la incomprensión de sus compañeros. Así, aunque sus historietas nos hagan sonreir, cuando no reir a mandíbula batiente, si reflexionamos, estamos ante un humor agridulce y lleno de contrastes. Porque evidentemente, un personaje como Tomás supondría la ruina para todos nuestros planes dentro de esta vida encorsetada que llevamos, y nos reimos ante sus "torpezas" y desastres. Y, sin embargo, ¿no es triste? ¿No nos gustaría más de una vez ser como Tomás y saltarnos un poquito, aunque sólo sea un poquito, la norma? ¿Para echar algo de pimienta sobre la sosería que preside nuestra rutinaria actividad diaria?
Pues no, no podemos. Y en las oficinas, en las escuelas, en los hospitales, en todos esos mundos donde la rigidez preside la norma de actuación, no hay lugar para los Tomás (o Gastón). Y eso, tristemente necesario, puede acabar doliendo...
Franquín creó con Tomás el Gafe (o Gastón Elchapuzas, o Eldesastre) un icono contra la sociedad del bienestar de los últimos años cincuenta que hoy, cuando somos presa del terror bimilenario, sigue siendo vigente. Porque los postulados siguen siendo válidos, y porque la riqueza de los gags, siempre parecidos y siempre diferentes, se mantiene a lo largo del tiempo. Ya que no podemos poner un Gastón (o Tomás) en nuestra vida, siempre podemos ponerlo en nuestro ocio leyendo sus desventuras. Y riéndonos de ellas, aunque no nos demos cuenta de que lo que hace Franquin es darnos una bofetada con cada gag.










2 comentarios:
Completamente de acuerdo con tu comentario. Tomás no es un simple no es solo es un simple chapuzas,e s un tipo que vive de otra manera, con otros objetivos fuera del mercado y del peloteo, ajeno al estress y las rutinas. En fin un verdadero heroe.
Gaston Lagafe es uno de los mejores personajes cómicos que se han creado jamás. Sus historietas han conseguido que me carcajee a mandíbula batiente.
Franquin es uno de los grandes del comic sin ninguna duda.
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