lunes, 26 de marzo de 2007

La mirada de Leónidas

Variaciones sobre el mismo tema: en uno de los primeros posts veíamos el uso del punto de vista subjetivo por parte del maestro Will Eisner en una historieta de Spirit. Allí era la visión de un hombre normal y decente convertido en un asesino.

Ahora observemos esta página del 300 de Frank Miller. Nuevamente se usa un punto de vista subjetivo, pero con algunas variaciones, unas claramente perceptibles y otras más subrepticias. Para empezar, el formato a gran tamaño de las páginas de la obra de Miller le permite aumentar el detalle y la espectacularidad, algo lejano de la cotidianeidad que ofrecía Eisner. Por lo demás, aparentemente el recurso es el mismo: vemos lo que ve el protagonista; pero no todo es tan sencillo...

En el ejemplo de Eisner, la visión estaba enmarcada por las cuencas de los ojos del protagonista, dando una visión amplia y nada constreñida de la mirada del protagonista. Sin embargo, en el caso de Leónidas de Esparta, la visión esta limitada por las ranuras de los ojos de su casco. La impresión es más opresora, más limitada, fiel reflejo de la situación de los héroes acorralados en el desfiladero sin salida. De hecho, veremos en las páginas siguientes como en el momento definitivo Leónidas se despojará de ese casco que le molesta.

Sin embargo, la diferencia más evidente entre la técnica de Eisner en la viñeta mencionada y la de Miller en la que nos ocupa es que se nos da más información. Mediante la inserción de viñetas a modo de contraplano se nos permite ver también los ojos de Leónidas. Eso despoja de frialdad a la narración, pues vemos la reacción del protagonista ante lo que está viendo. En el primer inserto y en el segundo ve los enemigos que le van a atacar; hay atención y firmeza en su mirada. En el tercer inserto, la mirada se torna fiera y determinada. Aunque ya lo sabía, ahora ve la confirmación del riesgo imposible ante el que se va a enfrentar...

Un nuevo ejemplo brillante, pues del uso del punto de vista subjetivo.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Tom Strong, un superhéroe de fiar

¡Pobrecitos superhéroes! En los últimos años han sido destruidos, deconstruidos, reconstruidos y destruidos de nuevo; han sido adaptados a los ochenta, a los noventa, al fin de siglo y al nuevo siglo; han sido ajustados para adolescentes, para niños, para universitarios y para cuarentones; les han vestido de fantasía heróica, de slice of life, de género negro y de manga. Al final, con todo este cóctel, no debería haber nadie a quien no le gustara por lo menos un tebeo de superhéroes... ¿o sí?

La verdad es que el tejemaneje que ha sufrido el género debería ser una muestra de su ductilidad... y, sin embargo, no deja de ser muestra de que las coordenadas en las que se mueve son muy limitadas, y que pocas veces el traje nuevo que se les ha puesto les ha sentado bien, con lo cual ha habido que cambiarles la vestimenta muy a menudo. Y todo ello para que al final algun autor tome como bandera el retorno a los orígenes, la recuperación de la "magia" que tenían en origen. Se podría pensar que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas, la verdad.

Pero cuando el que plantea la vuelta a la simplicidad y magnificencia es nada más y nada menos que Alan Moore, el guionista que con Watchmen puso el género patas arriba, aunque fuera por poco tiempo, la cosa da que pensar... Ignoro si Moore se horrorizó al ver adónde iba el camino por él abierto o si se la traía al pairo, pero evidentemente, un escritor de su talento en un tebeo de superhéroes "a la antigua" prometía mucho.

Con Tom Strong, Moore confirma algo que ya había hecho con su Supreme, y es que como mejor funciona una historia de superhéroes es manteniendo la percepción de lo maravilloso en el lector, y acudiendo a historias de desarrollo simple pero imaginativas. Se podrá luego adornar eso con más o menos dosis de folletín, pero parece claro que si al superhéroe le de despojamos de aquello que precisamente, le hace "súper", a no ser que la historia denote un talento fuera de serie, el tebeo puede caerse de las manos.

No es éste, por suerte, el caso de Tom Strong, donde a la presencia del héroe todopoderoso se le añaden unas cuantas gotas de pulp, Edgar Rice Burroughs, H.G. Wells y Lee y Kirby, resultando la mezcolanza un tebeo que es una delicia para leer, sencillo en sus planteamientos tanto a nivel de guión como de dibujo, pero tremendamente efectivo en ambos casos, y aparentemente falto de ambición. Y digo aparentemente, porque una historia que tiene por objeto entretener, y lo consigue con creces, no esta falta de ambición precisamente...

En resumen, un excelente cómic, tanto dentro de su género como fuera del mismo. A leer.

miércoles, 14 de marzo de 2007

¡¡Estúpidas, más que estúpidas ratas!!


Un gag sencillo y vertiginoso, clarificador e integrado. Los que reprochemos a Jeff Smith que la acción de Bone es demasiado lenta, que el autor se detiene demasiado en los detalles y que no sabe imprimir ritmo a su narración, deberíamos echar un vistazo a los últimos capítulos de esta extraordinaria serie; si queremos algo más corto, el episodio de la carrera de vacas; y si queremos algo más corto todavía, las dos viñetas que nos ocupan hoy. En estos tres ejemplos vemos que la lentitud que daba Smith a su obra al principio era un efecto plenamente buscado, que lo que importaba era que los personajes, y los detalles, empaparan al lector y le dejaran preparado para la trama fundamental de la historia.

En el gag de las dos viñetas de arriba lo que importaba era dejar bien sentado de una vez por todas el caracter de dos personajes aparentemente laterales a la narración principal y, sin embargo, de gran importancia posterior. Ya han sido usados antes en alguna escena cómica, pero éste va a ser el momento en que su personalidad va a quedar claramente definida.

El gag es sencillo, y el lector sabe perfectamente lo que va a ocurrir mientras está leyendo la viñeta. Según Bone, las ratas tendrían que ser muy estúpidas para saltar sobre la frágil rama en la que se apoya... no hay duda, saltarán. Pero no es un mal chiste, de esos que se ven venir y que muchas veces son lastrados por una larga narración que los hace peores. Porque Smith usa una mínima elipsis que hace vertiginosa la acción, para mostrarnos a las ratas apoyadas en la rama en la viñeta siguiente. La comicidad surge de la rapidez con la que ocurre la escena y de la airada reacción de Bone, que en este caso es reflejo de lo que piensa el lector.

Las dos viñetas confirman la estupidez de los personajes, y también su tenacidad, y queramos que no, a pesar de ser parte de los malvados de la obra, crean una corriente de simpatía, que hace que el lector desee nuevas intervenciones de los personajes, sabedor de que una sonrisa, al menos, estará garantizada. Finalmente, advertimos que las escenas en la que aparecen no son desviaciones de la trama principal, sino que todas sus apariciones no son ociosas y hacen avanzar el relato. En este caso, su persecución llevará al protagonista a un nuevo encuentro con el dragón y a conocer otro de los personajes principales, Thorn.

Indudablemente, Smith es un autor de esos que saben realmente lo que se traen entre manos. Y eso se agradece.

jueves, 8 de marzo de 2007

Ice Haven, alma helada

Para vivir en Ice Haven, tienes que ser frío como el hielo. Si una sóla emoción se abre paso hacia tu alma, estás perdido. Vive para ti. Piensa para ti. Haz para ti. Que nada traspase tu coraza. Y sobre todo, nunca muestres una debilidad hacia nadie. Camina siempre de frente sin dar la vuelta. Y miente. Miente mucho. Que nadie encuentre indicios de que alguna verdad sale de tus labios.

Sin embargo, ten en cuenta que no vas a engañar al lector. Que ya son muchos años de leer tebeos, y este individuo es más listo que el hambre. Te ha calado muy bien, y ha visto tus miradas. Tus silencios. Sabe que debajo de la armadura hay soledad, tristeza, inquina y rencor. Hasta esperanza.

Y es que tú, insignificante morador de Ice Haven, eres el producto de la imaginación de Daniel Clowes. Así que da igual que te escondas tras una laberíntica estructura narrativa y diferentes soluciones gráficas. Clowes te hace mirar y te hace callar, y en esas miradas y silencios te traicionas y te muestras a todos tal cual eres. Y no importa que a veces recurras a la ironía para esconder tu patética existencia. Porque incluso ese muro se viene abajo y acabas mostrándote desnudo ante todos. Nos reiremos de ti, nos compadeceremos de ti. Aunque tú no lo quieras.

Sigue viviendo tu vida, ciudadano de Ice Haven. Pero no olvides que te vemos tal cual eres, y, quizás, con conocimiento de causa. Porque muchos hemos sido alguna vez ciudadanos de nuestro Ice Haven particular.