Otra maravilla de Carlos Giménez
Nada, que no hay manera. Que uno intenta leer cada nuevo trabajo de Carlos Giménez desde una distancia, sin los arrebatos del admirador convicto y confeso, y no se puede. Que este señor te mete en sus historias de un trompazo y cuando sales de ellas estás hecho un guiñapo de sensibilidad (no sensiblería, eso nunca) y sentimientos.
De seguir este ritmo, se nos va a convertir Carlos (si no lo ha hecho ya) en nuestro Will Eisner particular, en el sentido de que la edad no aporta síntomas de cansancio a su trabajo, si no todo lo contrario: hay trazo firme, vitalidad, pulso narrativo, caracterización y, sobre todo, historias que atrapan desde las primeras viñetas.
Da igual que las dos historias cortas (las de apertura y conclusión) de este volumen sean más o menos predecibles en su resolución y jueguen al equívoco narrativo con todos los tópicos posibles. Giménez consigue que nos hagamos compadres de esos personajes y vivamos lo que ellos viven.
Pero en las dos historietas largas... ay, en esas historietas... no sólo consigue el autor que sintamos en carne viva la peripecia... es que logra unas historias plenas de sentimiento, de cambios de ritmo narrativo y de inspiración que llegan a lo más hondo del lector. En "El mozo", por ejemplo, conviven la aventura infantil, el apunte costumbrista, la serenidad y misterio de un padre protector, la lealtad misteriosa... con la exaltación destructiva, el odio, el cambio de bando de personajes que pasan de ser odiados a ser compadecidos...
"Ese día...", por contra, fluye narrativamente con serenidad, extrayendo el sentimiento de que hay algo, un acontecimiento dramático, que el lector conoce desde el principio y el niño protagonista ignora. Así, la historieta discurre plácidamente entre juegos infantiles mientras que nosotros, espectadores, en lugar de disfrutar de esa alegria de la niñez, sentimos el corazón encogido ante como Alfredito, sin saberlo, va a ver trastocada su inocencia. Cosa que ocurre al final, en unas viñetas estremecedoras.
Es, pues, imposible ser imparcial ante un tebeo de Carlos Giménez. Todo lo que nos queda es darle las gracias al maestro por una nueva gran obra, y rogar porque le quede salud y ganas de hacer tebeos durante mucho tiempo.










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