miércoles, 18 de abril de 2007

Un escuadrón no tan supremo

A veces no basta con ser un reputado guionista en otros medios para hacer un buen tebeo. Qué se lo pregunten a Kevin Smith, por ejemplo. El guionista que nos ocupa, J.M. Straczinsky, ha tenido éxito en el medio televisivo, que requiere rapidez expositiva, caracterización muy ágil, dinamismo. Muchos guionistas creen que, cuando llegan a los folios que luego pasarán al dibujante de turno, tendrán todo el espacio del mundo para desarrollar su historia. Y no es necesariamente así.

La cuestión es que Straczynski ya había dado buenas muestras de su adaptación al medio de la historieta en Rising Stars y, sobre todo, en Midnight Nation. Ahí aplicaba la fórmula televisiva al cómic con habilidad: cada capítulo o comic-book de 22 páginas, un "episodio" que podría leerse aisladamente con tranquilidad, tal era la sensación satisfactoria de cierre que podía verse en cada uno de ellos; y, por supuesto, sin olvidar que todo formaba parte de una historia mayor, con lo que el hilo conductor jamás era abandonado, sin entrar en perjuicio de la calidad del episodio en cuestión.

Sin embargo, cuando el guionista acomete series más amplias, cuando tiene todo el tiempo del mundo para desarrollar historias más ambiciosas en extensión, abandona la fórmula que domina y empiezan los matices negativos. Algo así ocurre en su acercamiento a Spider-Man, aunque ahí le salva de la quema la aportación de alguna que otra idea novedosa y el acertado desarollo de ciertos personajes.

La de arena la da Straczinsky en Supreme Power, esa versión moderna del Escuadrón Supremo que se nos quiso vender como el Watchmen del siglo XXI o la enésima definición del superhéroe. Pero amigo, el problema es que Watchmen solo ha habido uno, y solo uno habrá. Lo que en la obra de Moore y Gibbons era una condensación de argumento y datos en cada episodio en aras de la historia general, aquí es el estiramiento de una anécdota en 18 capítulos a cual más inane. Lo que allí era originalidad de planteamientos e ideas, aquí es repetición de esquemas y temas manidos -algunos de ellos en la propia Watchmen, como la metáfora del reloj... La obra tiene ritmo narrativo, eso es incuestionable -y ya veremos cuánto mérito hay de ello en el dibujante Gary Frank- , pero otra cosa es que la historia sorprenda, o al menos entretenga. Lamentablemente, hay momentos de aburrimiento por esa sensacion de déjà vu en algunos dialogos y situaciones.

Curiosamente, el trabajo de Straczynski se tambalea cuando abandona los elementos argumentales que tanta calidad le dieron en su periplo televisivo y que tan bien había adaptado al tebeo en las dos obras que mencionábamos al principio. Al final, Supreme Power no deja de ser un esforzado producto que estira con un dibujo agradable una historia con poca chicha y personajes cuya caracterización es innecesariamente extensa, algo de lo que se resiente el argumento.

4 comentarios:

Jordojopo dijo...

No puedo estar más en desacuerdo.

jordiasturies dijo...

por mi, no hay problema... Discrepar es sano y constructivo.

Jorge Iván Argiz dijo...

Hola, JORDI:

¡Qué cansino es eso de "el nuevo Watchmen"! Casi tanto como entrar al trapo cada vez recordando que "sólo hay y sólo habrá uno"... ¡Huyamos todos juntos de ello, por favor!

Por lo demás a mí si me gusta Supreme Powers. Un abrazote

jordiasturies dijo...

Saludos, Jorge.

Cada cierto tiempo sale una obra que nos intentan vender como "el nuevo Watchmen". Lo que he intentado decir es que creo que lo que pretende Straczinsky está muy lejos de la premisa de Moore, sencillamente. Straczinsky no quiere acabar con la gallina de los huevos de oro (vulgo tebeo de superhéroes) y a Moore se la traía al pairo lo que pasara con el género después. Por eso Watchmen es única.